Daniel Espín es uno de los cientos de ecuatorianos que han sido detenidos y deportados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos, en medio de un proceso migratorio que, según denuncian los propios migrantes, se ha vuelto cada vez más complejo y marcado por fuertes presiones psicológicas.
Desde 2024, más de 23 mil ciudadanos ecuatorianos han sido deportados desde territorio estadounidense. Entre ellos está Espín, quien fue detenido a pesar de tener un proceso de asilo en curso. Hace tres años, él y su familia salieron de Ecuador, atravesaron la selva del Darién, pasaron por Panamá y avanzaron por tierra hasta entregarse en la frontera de Estados Unidos.
Las autoridades migratorias le permitieron iniciar su solicitud de asilo, le otorgaron un permiso de trabajo y se estableció en Detroit, Michigan, donde laboró durante dos años en el área de cocina. Sin antecedentes penales, su objetivo era sostener a su familia y construir una nueva vida.
Sin embargo, fue trasladado a un centro de detención en Luisiana, donde permaneció 33 días. Espín relató que las condiciones eran inhumanas y que compartía espacio con cerca de 500 ecuatorianos. Además, denunció que uno de los detenidos se quitó la vida durante la madrugada. Para sobrellevar el encierro, leía la Biblia y tomaba medicación para poder dormir.
El episodio más duro ocurrió cuando logró comunicarse con su esposa. Según su testimonio, un agente de ICE le advirtió que, si no aceptaba la deportación, sus hijos podrían ser enviados a un orfanato. Ante el temor de perder a su familia, Espín pidió a su esposa que regresara a Ecuador.
Casos como el suyo se repiten entre migrantes ecuatorianos, quienes denuncian detenciones arbitrarias, amenazas y presión psicológica, además del constante miedo a la separación familiar. Organizaciones de derechos humanos alertan sobre el impacto emocional en niños y familias, mientras las deportaciones continúan en aumento.
Fuente: Ecuavisa
