El Super Bowl trascendió lo deportivo y se convirtió en un espacio de debate social tras la presentación de Bad Bunny, quien utilizó el escenario de mayor audiencia en Estados Unidos para visibilizar la identidad y presencia de la comunidad latina.
Durante el espectáculo de medio tiempo, el artista puertorriqueño llevó al Levi’s Stadium una puesta en escena cargada de símbolos culturales, música en español y referencias a la memoria colectiva de los barrios latinoamericanos, transformando por minutos el evento deportivo en una afirmación de pertenencia y orgullo.
Sin hacer un discurso explícito sobre migración, el mensaje estuvo presente en cada gesto, canción y símbolo. Desde la representación de la vida cotidiana caribeña hasta la frase “Juntos somos América”, el show conectó con millones de espectadores y generó reacciones políticas inmediatas.
El impacto fue tal que incluso figuras como Donald Trump criticaron la actuación, calificándola como una afrenta, lo que evidenció la tensión existente en torno a los discursos antimigrantes y la identidad cultural dentro de Estados Unidos.
Más de 120 millones de personas presenciaron una presentación que no buscó adornar el evento, sino ocupar un espacio históricamente dominado por la cultura anglosajona, reafirmando que el país también se construyó desde la migración, el idioma español y la diversidad.
El espectáculo fue celebrado por amplios sectores de la comunidad latina y cuestionado por otros, consolidando al Super Bowl como un escenario capaz de amplificar mensajes sociales profundos sin necesidad de consignas explícitas.
Fuente: Ecuavisa
