Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca para su segundo mandato, las tensiones entre Estados Unidos y Cuba han vuelto a escalar, marcadas por declaraciones y políticas que reavivan viejas disputas diplomáticas.
En una comparecencia reciente en la Casa Blanca, Trump mencionó que su administración mantiene conversaciones con autoridades cubanas y sugirió que estas podrían culminar en lo que describió como una “toma de control amistosa de Cuba”, en un contexto de dificultades económicas profundas en la isla.
Esta declaración se da en medio de un endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba tras el regreso de Trump a la presidencia. Desde su llegada, Washington ha reinstaurado sanciones económicas, reubicado a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y promovido restricciones financieras consideradas severas por La Habana.
Además de la retórica, las tensiones han tenido expresiones prácticas y riesgos de mayor confrontación: recientemente las autoridades cubanas reportaron un enfrentamiento con una embarcación con matrícula estadounidense que dejó varios muertos y heridos, un incidente que podría aumentar la presión entre ambos gobiernos.
La situación se enmarca en un clima de crisis económica y energética en Cuba, exacerbado por sanciones y la interrupción de suministros clave como el combustible. Washington también ha explorado herramientas como el uso estratégico del acceso a suministros energéticos para aumentar su influencia sobre la isla, según reportes especializados.
Fuente: El Universo
