Durante el rodaje, el actor llegó a repetir una misma escena hasta 30 veces para perfeccionar su interpretación. El director Tom Shadyac, además, le dio libertad para improvisar, lo que permitió que varios de los momentos más memorables de la película surgieran de forma espontánea y no estuvieran en el guion original.
Como curiosidad, la cinta fue prohibida en países como Egipto, Arabia Saudita, Irán, Kuwait y Catar por su representación de Dios como un hombre común. Asimismo, Morgan Freeman fue la única elección del estudio para interpretar ese personaje, papel que terminó convirtiéndose en uno de los más recordados de su carrera.
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